El tapicero que eligió su propio camino
El tapicero que las grandes marcas querían, pero que decidió hacer su propio camino.
"No crecí soñando con vender muebles. Crecí aprendiendo a hacerlos."
Desde joven, cuando llegué a Bogotá desde Ipiales, supe que tenía que hacer algo con mis manos. No tenía dinero, pero sí la habilidad y las ganas de aprender.
Empecé desde abajo, en talleres y fábricas donde perfeccioné cada técnica. No solo hacía sofás, los entendía. Sabía qué materiales duraban, cuáles fallaban y, sobre todo, qué diferenciaba un mueble común de uno realmente bien hecho.
Aprendí a respetar la madera, la tela, la tapicería.
Entendí que un mueble no es solo un objeto, es parte de una historia.
Descubrí que si iba a dedicar mi vida a esto, tenía que hacerlo con mi propio nombre. Mi trabajo empezó a hablar por sí solo. Las grandes marcas de muebles me buscaron. Querían que fabricara para ellos, que pusiera mi experiencia al servicio de sus diseños.
Tuve la oportunidad de trabajar para las mejores.
Las empresas más grandes del país querían que fuera parte de su equipo.
Pero en lugar de seguir ese camino, decidí hacer algo diferente.
Así nació Muebles Casota.
Decidí que si iba a fabricar muebles de calidad, serían con mi propio sello. Empecé con un taller pequeño, fabricando piezas con dedicación. No era el más grande, pero sí el más exigente. Cada mueble que salía de mis manos tenía que estar bien hecho, porque cada uno era un reflejo de mi historia.
Hoy, mi equipo y yo seguimos con la misma filosofía: hacer muebles que duren, que se sientan y que cuenten algo.
Aquí no hay atajos. Solo calidad real.
¿Por qué Muebles Casota?
-Porque no vendo muebles, fabricamos experiencias.
-Porque cada pieza que sale de aquí lleva mi sello y mi orgullo.
-Porque sé que cuando alguien compra un sofá, no compra solo un mueble, compra sus futuros momentos.